Desde hace algunos años que exploro la web casi a diario
buscando diferentes cosas. Me reconozco como inquieta y en continuo cambio,
interesándome por un abanico de temas relacionados directa o indirectamente a
la educación, los cuales luego intento llevar a mi práctica docente.
Desde el Nivel en cual trabajo, el jardín de infantes, poco
se utilizan las TIC para llevar adelante la tarea docente y como un desafío
personal (casi una obligación) me esfuerzo por incorporarlas en lo cotidiano.
Muchas son las dificultades que se me generan, desde la edad de los niños hasta
mi propia dificultad por manejar algunos programas. Pero intento
incansablemente resolverlas.
A menudo repito “en
la web está la solución a todo, solo hace falta saber buscar”. Es por esto
que utilizo tutoriales, recomendaciones, foros y todo lo que encuentre para
lograr mis objetivos. Por lo que considero que mi dominio de la web es bastante
bueno.
Pero hasta comenzar este curso, no me había puesto a pensar
en “Mí Huella Digital”. Reflexionando
para construir este texto me di cuenta que poca es mi interacción y mi aporte a
la comunidad digital.
Si bien me nutro de los aporte de los demás, pocas veces
hago comentarios, valoraciones o aportes personales tendientes a trasmitir
algún saber o ayuda al resto.
Haciendo un mea culpa a esta conducta digital bastante
egoísta, creo que muchas veces es por cuestión de tiempo o de afán por
solucionar una cuestión puntual, que al encontrar la ayuda necesaria continúo
con mi tarea y no interactuó con el autor de la misma.
Y un poco por cobardía o por falta de confianza en mi
capacidad, que es casi nula mi impronta como facilitador de algún conocimiento
en la web.
Esta reflexión me llevó a tomar conciencia que si bien a
diario actúo como un agente generador y motivador del uso de las TIC con mis
compañeros y colaboro con ellos permanentemente (ya que muchos recurren a mí
para resolver inconveniente), muy diferente es mi comportamiento en los entorno
digitales.

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